martes, 17 de enero de 2017

BIENVENIDO A LOS BROTES VERDES

Lo único que brota, como hierba mala, son los aumentos.
Crecen a tasas chinas.
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Esas empresas claro, van a despegar
A costa de los orejones del tarro, claro está.

lunes, 16 de enero de 2017

LA PILETA

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Cuando era pibe, 10 u 11 años ponele, laburé en una agroindustria, lo que en Mendoza llamamos genéricamente "un galpón de fruta". Ahí se preparaba fruta fresca para exportar, mermeladas de gustos varios y frutas desecadas para todo uso.
Era costumbre que los chicos trabajaran en esos galpones durante el receso escolar y hasta la cosecha de la uva en marzo (los que podían cargar un tacho de uva partían entonces a esa tarea). 
La mayoría de mis amigos desaparecían de los juegos cotidianos para ir a ganarse un mango en la temporada. Algunos (como yo) nos prendíamos en el asunto para obtener decadracmas extras para lujos y esas cosas (las zapatillas "adidas" que costaban un Potosí, por dar un ejemplo). Otros, la mayoría, por pura necesidad.
Una de mis primeras y elementales tareas en el galpón fue lavar las paseras. Una pasera, para los que no conocen, es una especie de elástico de cama de madera en donde se extienden las frutas que van al proceso de secado. Luego de atravesar el lavado y azufrado se colocan en las paseras que luego van al playón de secado (al sol, of course). Cuando la fruta está seca la sacan del aparato y la depositan en cajones de plástico. La pasera, que ahora tiene los restos de la desecación, tiene que ser lavada para un uso posterior. Esto se hace en un lavadero a fuerza de cepillo de alambre y agua sucia.
El lavadero y el playón de secado estaban en el fondo de la fábrica. Desde los dos lugares se podía ver la casa de los dueños del galpón. Sobre todo la pileta.
Entrábamos a trabajar a las dos de la tarde, en plena siesta mendocina con 35 grados a la sombra. Munido con guantes de goma y tapado hasta las orejas (nadie quiere pelusa de durazno en el cogote) la emprendía con la mugre. 
Mientras raspaba y raspaba las maderas rebeldes junto con un batallón de pibes veíamos cómo la pileta del dueño comenzaba a poblarse para mitigar el calor que a nosotros nos pegaba en todo el cuerpo. 
Los hijos, primos, amigos e invitados se reunían alrededor de la piscina, resguardados bajo la sombra de varios sauces llorones, y comenzaban una larga tertulia que duraba toda la tarde. Mientras nosotros transpirábamos en la humedad del lavedero o bajo los rayos impiadosos del sol, en la pileta se multiplicaban las risas.
Ninguno de nosotros decía nada, porque además de la incomodidad y el cansancio,  el encargado del galpón recorría todo el lugar y no le gustaba que los obreros charlaran. Por eso estábamos en silencio la mayor parte del tiempo, intercambiando señales como en el truco.
A medida que la tarde avanzaba y los brazos y piernas dolían por el esfuerzo, las carcajadas que provenían de la pileta dolían más en las orejas. Toda la despreocupación de quien tiene el futuro asegurado chocaba con el rostro curtido de los pequeños laburantes que necesitaban deslomarse desde pibes para no quedar fuera de cacho.
Yo iba a trabajar por elección. No lo necesitaba: no nadábamos en guita pero ese dinero era para mi exclusivo uso personal. 
Casi todos mis amigos del galpón laburaban obligados por la necesidad. Si no trabajaban no comían, no tenían ropa o no iban a poder comprarse lo necesario para ir a la escuela. 
Muy rápido aprendí en qué consistía la libertad de mercado: si yo no tenía ganas de soportar el energúmeno que controlaba la fábrica (era un sorete importante, un pobre con ínfulas de rico) lo mandaba a la mierda y chau, a otra cosa. Podía volver a mi casa tan campante y seguir con mi vida. 
Pero la mayoría de mis amigos no podía hacer lo mismo. Porque la necesidad los empujaba a la obediencia y acataban la arbitrariedad del capataz en silencio. No porque no quisieran mandarlo al diablo, sino porque no podían darse ese lujo.
Y soportaban la humillación agachando la cabeza. Niños de 10 y 11 años maltratados por un adulto que profundizaba la explotación. Y como telón de fondo las risas que venían de la pileta.
En todo eso pensaba cuando veía las piletas de la Tupac Amaru destrozadas en Jujuy, en Alto Comedero. En la humillación. 
Hoy se cumple un año de la detención ilegal de Milagro Sala.
Presa por conjurar, al menos por un tiempo, esa humillación.

RESACA

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Recuerdo el día como si fuera ayer: me levanté de la cama el 15 de mayo de 1995 sabiendo que Carlos Saúl I y Rucucu habían habían obtenido 8.687.319 votos, o sea, el 49,94% y con eso teníamos de nuevo a Méndez como presidente con el agravante nada menor de Carlos Ruckauf como vicepresidente.
Predicábamos en el desierto desde hacía muchos años y evidentemente hablamos al pedo. Porque contra todos los indicadores, esos que relataban la historia de un país que se iba a la mierda, casi la mitad del electorado había ungido a los verdugos otra vez de nuevo al frente del país. 
No lo podía entender. No me cabía en la cabeza. 
Luego algunos intentamos analizar porqué: ahí salió el voto cuota, el voto vertical ("la disciplina partidaria" que vendría siendo meter la mano en las fauces del cocodrilo solo porque el domador lo indica), el voto culposo (nadie lo había votado), etc.
Pero el tipo, luego de desmantelar el país entregándolo a los oligarcas de siempre, había sido reelegido. 
El día 15 de mayo de 1995 tenía ganas de tirarme en palomita desde la cumbre del Aconcagua por la cara sur, aterrizando al final de ese abismo con todo y humanidad.
Hoy me levanté de la cama pensando en este asunto, en la bronca, rabia e impotencia que tenía ese mayo de 1995, con los habitantes de este país más que nada, por haber elegido cortarse la mano que faltaba, luego de tener la experiencia terrible del neoliberalismo en el poder camuflado bajo un falso gobierno popular.
¿En qué estaban pensando? ¿En qué carajo estaban pensando, decime vos?
Reviví aquellos días aciagos y tuve miedo.
Tengo miedo de levantarme el 26 de octubre de 2017 con la misma abrumadora sensación.

viernes, 13 de enero de 2017

EL TEG SE PUSO ESPESO

Y nosotros preocupados por la corrección política
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El gatillo está en manos de dementes
Y el sociópata nos puso en la línea de fuego
Otro fuerte aplauso para Macri y sus votantes

YA ABRIERON EL CONGRESO, YA LE CAGARON LA DIGNIDAD A LOS TRABAJADORES, YA LA TOCARON A CRISTINA ¿ENTONCES?

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En los primeros tiempos del Macrinato gritábamos: "¡Abrí el congreso la puta que te parió!". Bueno, lo abrió y nos cagó de arriba a abajo. Y nosotros nada. 
Después cantamos en la calle "¡Dignidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode!". Bueno, se cagó en la dignidad de los trabajadores, es más, se caga todos los días en la dignidad de los trabajadores. Y nosotros nada.
Más adelante los alaridos dijeron: "¡Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina, que quilombo se va a armar!". Bueno, la tocaron, la están tocando, la manosean todos los días. Y nosotros nada.
Eran cantitos. Consignas que se han demostrado vacías porque no le pusimos el cuerpo a ninguna, amagamos, nos hicimos los tauras pero a la hora de los bifes, nada.
Desde que arrancó el Macrinato están cagando a palos a los laburantes: estatales, docentes, jubilados (si, ya los cagaron a palos), manteros, mapuches, etc. Y nosotros nada.
¿Sabés porqué los cagan a palos, sabés porqué los siguen cagando a palos? Este gobierno de focus group pregunta si está bien surtir grones y la mesnada responde que si. Y nosotros, los "empoderados" no movemos el culo.
¿Milagro Sala? Bien gracias. Agotándose en una cárcel jujeña porque los bienpensantes de Jujuy y del país están de acuerdo (¿comprendemos que estos sociópatas no mueven el orto sin una encuesta?). Si, hubo manifestaciones, algunas, desparramadas. Pero pocos se quieren comprometer con el asunto. Como con nada. Excepto mandando alguna puteada en el facebook o en el portal de un diario o en un blog.
Somos una máquina de indignación. Que a esta altura es indignación al pedo.
Ya sabemos que este gobierno es una mierda, que los legisladores nos cagaron, que los ratis azules y verdes tienen ganas de pegarnos cada vez que nos ven, que la justicia no nos protege, que nos boludean todo el maldito día. ¿Todavía hace falta alguna evidencia?
Ya está muy claro.
Y nosotros nada.
Somos puro jarabe de pico.
¿Sabés en qué nos convertimos cuando la inacción es la respuesta? En cómplices.
Después hablamos de lo jodidos que somos, de lo críticos que somos, de los perspicaces que somos: sin mover las nalgas del sillón somos tigres de papel. Origami, pura apariencia al pedo. Justo lo que le hace falta al Macrinato: excusas para seguir apaleando pero sin respuestas colectivas.
Ponemos caras de monos sabios y apelamos a la astucia de la "política": ¿qué política? Los representantes que votamos y nos sustituyen no dan la cara, con un par de honrosas excepciones y la interminable Hebe de Bonafini que es la única que sigue yendo al frente, Hebe, la que sigue dando el ejemplo (el ejemplo que no seguimos), Hebe la que nos sigue tapando la boca.
Todos los demás, ausentes. Nosotros incluidos.
Un fuerte aplauso.

jueves, 12 de enero de 2017

JUGUEMOS A LA AUTOCRÍTICA

Veamos: en el Congreso Cambiemos está en minoría
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O sea, en teoría, los números indican que Cambiemos no tenía margen de maniobra para perpetrar el daño que ha hecho con el país. La primera autocrítica entonces es ¿por qué los que tenían que impedir el saqueo no movieron el culo para frenar a los CEOs?
Esa sí sería una buena autocrítica. Una muy buena autocrítica.